En plena crisis del 2001, cuando miles de comercios bajaban sus persianas y el consumo se desplomaba en Argentina, una familia cordobesa decidió apostar por un negocio que parecía ir a contramano del contexto: vender helado barato, en los barrios y para todos. Veinticinco años después, aquel emprendimiento se transformó en Grido, la cadena de heladerías más grande de Latinoamérica y la tercera a nivel mundial.
“Es una empresa familiar. Mi viejo tenía una heladería artesanal en un barrio de Córdoba y junto con mis hermanos emprendimos el proyecto para hacer crecer el negocio”, recordó Sebastián Santiago, director de la compañía, durante una entrevista en el ciclo “Serrucho Económico” de Ahora Play.
La historia comenzó formalmente en el año 2000, aunque el gran salto llegó en medio del derrumbe económico y social que atravesó el país. “Estamos cumpliendo 25 años, nacimos en el año 2000. Y en la peor crisis de 2001 abrimos nuestras primeras heladerías”, contó Santiago.
La idea tenía una lógica simple, pero ambiciosa: vender un producto de calidad a precios mucho más bajos que los de las heladerías tradicionales. En aquel momento, el consumo de helado en Argentina estaba muy por debajo de otros países.
“En el 2000 solo se consumían tres kilos de helado por habitante por año en Argentina y en otros países entre 15 y 20 kilos. Era por falta de oferta. Entendimos que la manera era hacer un helado de calidad, pero más accesible”, explicó.
El modelo de franquicias fue la clave de la expansión. Mientras muchas marcas apostaban a los grandes centros comerciales o zonas premium, Grido eligió instalarse en los barrios y ciudades medianas. “Con el modelo de franquicias nos expandimos para llegar a los barrios. Apuntamos a democratizar el consumo del helado”, afirmó.
El crecimiento fue exponencial. Desde su planta ubicada en el Parque Industrial Ferreyra, en Córdoba capital, la empresa produce actualmente unos 90 millones de kilos de helado por año, lo que la convierte en la mayor productora del país.
Hoy la firma cuenta con más de 1900 franquicias distribuidas en todas las provincias argentinas y también en Chile, Uruguay, Paraguay y Perú. Además, opera 70 franquicias Vía Bana y exporta productos a Bolivia. Según datos de la compañía, exportan alrededor de 10 millones de kilos de helado.
Santiago aseguró que uno de los secretos del crecimiento fue resignar márgenes de ganancia para sostener precios competitivos incluso en contextos económicos adversos. “Crecimos porque sacrificamos rentabilidad”, sostuvo.
Y detalló que, pese al escenario recesivo, la compañía logró mantener la expansión. “No crecimos en cantidad de clientes, pero crecimos un 5%. Fuimos más agresivos en publicidad y crecimos 9% con menor rentabilidad”, señaló.
La empresa atravesó distintas etapas económicas y políticas del país, desde la salida de la convertibilidad hasta la actualidad. “Pasamos por todos los gobiernos y nos adaptamos”, resumió Santiago.
La apuesta de aquella familia




